QUÉ NO NOS MATEN!

Columna: Reflexiones en voz alta

QUÉ NO NOS MATEN!

Por Magdalena Moreno Ortíz.

“Ha sido tan rápido el viraje de la mujer en sus

exigencias que el hombre descentrado e inadaptado

no sabe o no quiere colmarlas.

Pero, al menos, ¡que no nos maten!”. 

María Zambrano

Aunque nacida en Reynosa, Tamaulipas, mi niñez transcurrió en Monterrey.  Crecí en una colonia popular a finales de los 70´s y durante los 80´s, mi barrio era un conjunto de departamentos donde lasocialización se daba en la calle a través del juego: el fut-beis, los pocitos, el burro bala, las escondidillas, el voto o las carreritas…

En esas convivencias vespertinas poco existía el ojo escrutador de los adultos, sólo éramos nosotros: los niños y las niñas en las calles, fue ahí que experimenté mis primeras competencias y retos,  jamás sentí que por ser niña no podía correr más rápido, subirme al árbol más alto o saltar la mayor cantidad de escalones. En mi barrio, mi género nunca fue una limitante, nadie me dijo que yo no podía y así crecí, creyéndolo.

Recuerdo perfectamente el momento en que supe que mi niñez se había terminado, y no fue grato. Un día de domingo llegamos  a casa de mi abuela materna mis hermanos y yo, y como cada fin de semana  corrí a los brazos de mi tío mayor para abrazarlo, él me detuvo y me dijo “tú ya no”, ¡me quedé absorta!, mientras veía como mis hermanos menores seguían siendo recibidos en un abrazo por él. No entendí en ese momento, pero me quedé triste muchos días y empecé a sentir que había crecido.

Un día en la secundaria, a los 13 años, sentí por primera vez temor ante el acoso de un desconocido en un camión. Todos los días para ir a mi casa tenía que tomar una ruta, y mi colonia era la última parada, por lo que en muchas ocasiones el camión llegaba vacío. Ese día subió un señor al camión y se colocó cerca de mi asiento y me sonreía y sacaba su lengua para mostrármela, después empezó a comer semillitas y a lanzar las cáscaras en mi cabello. Me quedé petrificada del miedo.

Cuando entré a la facultad de Filosofía a estudiar la carrera de sociología, me sentí en un lugar donde encontraría respuestas a muchas dudas que me embargaban, ¿por qué a los hombres y a las mujeres nos educan tan diferentes?, ¿por qué ante una situación de  acoso y abuso, en lugar de reaccionar nos quedamos mudas? Y entonces empecé a leer autoras como Simone de Beaviour (El Segundo sexo)o Judith Buttler (El género en disputa) y comprendíque el cambio en las condiciones de igualdad y lajusticia entre hombres y mujeres eran muy recientes, que la lucha por los derechos laborales, y el derecho al voto eran batallas ganadas apenas en ese siglo, y que la carga histórica de las diferencias  era de cientos de años.

Me di cuenta de que teníamos una enorme deuda con nuestras bisabuelas y abuelas, con nuestras madres, a quienes les tocó vivir una época muy diferente a la nuestra, donde hicieron del silencio y la sumisión una práctica cotidiana, a quienes les fue prohibido trabajar o estudiar aunque lo quisieran, a quienes les fue prohibido reír demasiado fuerte… porque no era correcto.

En el primer empleo que tuve vinculado directamente a mi profesión fui nombrada literalmente “un experimento” yo como mujer tenía que demostrar (con trabajo voluntario por varios meses) que era capaz de desempeñarme como socióloga en comunidades de alto riesgo, los hombres no tenían que ser sujetos a estas pruebas, yo sí ¿qué sucedió? Lo hice, nunca dudé que podía.

Desde aquellos años, ya tenía muy claro que gracias a las mujeres que nos precedieron, habíamosconseguido acceder a  experiencias y a estudiar para entender y entendernos. Hoy sé que a nosotras nos corresponde abrir la senda a nuestras hijas y nietas para que sean libres de elegir, para que comprendan y abracen los cambios que vivirán en sus cuerpos, para que a ellas no las acose nunca nadie en ningún lugar, para que ellas puedan ser libres de elegir su camino y no volver a permitirnos ser el experimento de nadie

Por todas ellas este lunes 9 de marzo  paralizaremos juntas este país y lo haremos con nuestro silencio, con nuestra ausencia, pero sobre todo con mucho amor.

 

 

Magdalena Moreno Ortíz.

magdamo19012018@gmail.com

Socióloga.

Maestra en Trabajo Social.

Promotora de la inclusión, equidad, cultura y derechos humanos de la infancia y juventud.

Actualmente Subsecretaria de Educación Básica en Tamaulipas.

 

 

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