Alocución de apertura del Director General de la OMS en la ‎conferencia de prensa sobre la COVID-19 del 26 de octubre de 2020‎

  • La semana pasada se notificó el mayor número de casos de COVID-19 hasta la fecha. Muchos países del hemisferio norte están viendo un aumento preocupante de casos y hospitalizaciones. Asimismo, las unidades de cuidados intensivos se están llenando al máximo de su capacidad en algunos lugares, particularmente en Europa y Norteamérica.
  • Debemos hacer todo lo posible para proteger a los trabajadores de la salud, y la mejor manera de hacerlo es que todos nosotros tomemos todas las precauciones posibles para reducir el riesgo de transmisión, para nosotros mismos y para los demás. Nadie quiere más los llamados «confinamientos». Pero si queremos evitarlos, todos tenemos que poner de nuestra parte. 
  • La lucha contra esta pandemia es asunto de todos. No podemos tener la recuperación económica que queremos y vivir nuestras vidas como lo hacíamos antes de la pandemia. Podemos mantener a nuestros hijos en la escuela, podemos mantener las empresas abiertas, podemos preservar las vidas y los medios de subsistencia. Podemos hacerlo. Pero todos debemos hacer concesiones, compromisos y sacrificios.
  • Cuando los dirigentes actúan rápida y deliberadamente, el virus puede ser suprimido. Sin embargo, en los lugares donde ha habido división política a nivel nacional, donde ha habido una flagrante falta de respeto por la ciencia y los profesionales de la salud, la confusión se ha extendido y los casos y las muertes han aumentado. Por eso he dicho repetidamente: no politicen la COVID-19. 
  • La semana pasada la OMS llevó a cabo su primer curso mundial de aprendizaje electrónico sobre salud y migración, en el que se abordó un tema crítico y a menudo descuidado de la salud mundial. Es vital que todos los países incluyan a los refugiados y los migrantes en sus políticas nacionales como parte de su compromiso con la cobertura sanitaria universal.  

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Buenos días, buenas tardes y buenas noches. ‎

La semana pasada se registró el mayor número de casos de COVID-19 ‎notificados hasta la fecha. ‎

Muchos países del hemisferio norte están viendo un aumento ‎preocupante de casos y hospitalizaciones.‎

Asimismo, las unidades de cuidados intensivos se están llenando al ‎máximo de su capacidad en algunos lugares, particularmente en ‎Europa y Norteamérica.‎

Durante el fin de semana, varios dirigentes evaluaron críticamente su ‎situación y tomaron medidas para limitar la propagación del virus.‎

Entendemos el cansancio pandémico que las personas están sintiendo. ‎

Tiene un costo mental y físico para todos. ‎

El teletrabajo, la escolarización a distancia de los niños, no poder ‎celebrar los momentos señalados con los amigos y familiares o no ‎poder estar presentes para llorar a los seres queridos es duro, y el ‎cansancio es real. ‎

Pero no podemos rendirnos.  ‎

No debemos rendirnos.‎

Los dirigentes deben equilibrar la alteración de las vidas y los medios ‎de subsistencia con la necesidad de proteger a los trabajadores de la ‎salud y los sistemas de salud a medida que las unidades de cuidados ‎intensivos se van llenando. ‎

En marzo, los trabajadores de la salud fueron aplaudidos ‎sistemáticamente por el sacrificio personal que hacían para salvar ‎vidas. ‎

Muchos de esos trabajadores de la salud, que también han sufrido un ‎enorme estrés y un gran trauma, siguen en primera línea ‎enfrentándose a una segunda oleada de nuevos pacientes. ‎

Debemos hacer todo lo posible para proteger a los trabajadores de la ‎salud, y la mejor manera de hacerlo es que todos nosotros tomemos ‎todas las precauciones posibles para reducir el riesgo de transmisión, ‎para nosotros mismos y para los demás. ‎

Nadie quiere más los llamados «confinamientos». Pero si queremos ‎evitarlos, todos tenemos que poner de nuestra parte. ‎

La lucha contra esta pandemia es asunto de todos. ‎

No podemos tener la recuperación económica que queremos y vivir ‎nuestras vidas como lo hacíamos antes de la pandemia. ‎

Podemos mantener a nuestros hijos en la escuela, podemos mantener ‎las empresas abiertas, podemos preservar las vidas y los medios de ‎subsistencia. Podemos hacerlo.‎

Pero todos debemos hacer concesiones, compromisos y sacrificios. ‎

Para las personas, las familias y las comunidades, eso significa ‎quedarse en casa, especialmente si han estado expuestos a un caso. ‎

Además, hay que seguir manteniendo la distancia física, utilizar ‎mascarilla, limpiarse las manos regularmente, toser lejos de los demás, ‎evitar las multitudes y reunirse con amigos y familiares en espacios ‎exteriores.  ‎

Para los gobiernos, significa hacer lo mismo que hemos estado ‎pidiendo desde el primer día: conocer la epidemia. ‎

Romper las cadenas de transmisión. Hacer pruebas de manera ‎exhaustiva. Aislar y atender los casos. Y rastrear y proporcionar una ‎cuarentena asistida a todos los contactos. ‎

Con estas medidas, se puede alcanzar el virus, adelantarse a él y ‎mantener cierta ventaja. ‎

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No hay soluciones mágicas para este brote, solo el trabajo duro de los ‎dirigentes de todos los niveles de las sociedades, los trabajadores de la ‎salud, los rastreadores de contactos y las personas. ‎

Y después, una vez que se tenga el control, es importante fortalecer ‎los sistemas de salud, el personal sanitario y los sistemas de rastreo de ‎contactos para que el virus no vuelva a asentarse. ‎

La ciencia continúa diciéndonos la verdad sobre este virus. ‎

Cómo contenerlo, suprimirlo y evitar que vuelva, y cómo salvar la vida ‎de aquellos que enferman. ‎

Muchos países y ciudades han seguido la ciencia, suprimido el virus y ‎minimizado las muertes. ‎

Desde Dakar a Melbourne, desde Milán a Islamabad, desde Nueva ‎York a Beijing. ‎

Cuando los dirigentes actúan rápida y deliberadamente, el virus puede ‎ser suprimido. ‎

Para los dirigentes, como dijo mi colega el Dr. Mike Ryan en marzo, lo ‎más importante es «moverse rápido, sin arrepentirse». ‎

Sin embargo, en los lugares donde ha habido división política a nivel ‎nacional; donde ha habido una flagrante falta de respeto por la ciencia ‎y los profesionales de la salud, la confusión se ha extendido y los casos ‎y las muertes han aumentado. ‎

Por eso he dicho repetidamente: no politicen la COVID-19. ‎

Una pandemia no es un partido de fútbol político. Los deseos o las ‎distracciones deliberadas no impedirán las transmisiones ni salvarán ‎vidas. ‎
Lo que salvará vidas es la ciencia, las soluciones y la solidaridad. ‎

Por eso repetimos que hace falta solidaridad, solidaridad y solidaridad. ‎

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Por último, la semana pasada la OMS llevó a cabo su primer curso ‎mundial de aprendizaje electrónico sobre salud y migración, en el que ‎se abordó un tema crítico y a menudo descuidado de la salud mundial. ‎

El curso incluía la conexión directa en vivo con proyectos de salud y ‎migración sobre el terreno, de modo que los participantes pudieran ‎recibir información directa de quienes trabajan sobre el terreno. ‎
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Asistieron personas de 122 países de todo el mundo, y quisiera ‎aprovechar esta oportunidad para felicitar a todos los participantes ‎del curso. ‎

Toda la salud pública sufre cuando se excluye a alguna comunidad. ‎

Es vital que todos los países incluyan a los refugiados y los migrantes ‎en sus políticas nacionales como parte de su compromiso con la ‎cobertura sanitaria universal. ‎

Espero que los conocimientos adquiridos a través de este curso actúen ‎como catalizador de políticas de salud que incluyan a los migrantes y ‎las comunidades de refugiados. ‎

La salud para todos debe ser para todos. ‎

Gracias

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